Historia

Los Pirineos cobraron una importancia histórica particular durante la Edad Media. La cadena montañosa representaba una clara barrera para el tránsito entre las regiones separadas por ella, por lo que su uso como elemento defensivo era primordial.

Una serie de territorios y condados en la Península Ibérica designados por los Francos, denominada la Marca Hispánica, conformaba una zona de protección para el avance de los Moros y la extensión de su Califato. El único sobreviviente de dichos territorios en la actualidad es el Principado de Andorra.

Los enfrentamientos entre las fuerzas musulmanas y los Francos se sucedieron durante todo el siglo VIII. La victoria por parte de Al-Samh ibn Malik sobre el reino visigodo de Septimania en el año 719 marcó el límite de la expansión alcanzado por los Moros en la Península. La Batalla de Toulouse puso un freno a los avances musulmanes que derivaron en un tratado de paz firmado en el año 730, y que se selló a partir del matrimonio entre el duque de Aquitania y la hija del gobernador Bereber de Narbona.

Sin embargo, el período de paz duró un corto tiempo, y los intentos de expandir las fronteras del Califato se renovaron dos años después. La nueva iniciativa musulmana derivó en la caída del duque de Aquitania y el saqueo de Burdeos, y sólo pudo ser detenida por Carlos Martel y los Francos en la Batalla de Tours. A partir de esta victoria , comenzarían los intentos de los gobernantes carolingios por asegurar Aquitania y repeler a los invasores Moros. Esto se lograría luego del año 759, cuando Pipino, hijo de Carlos Martel, obtuvo lo que su padre había fracasado en conseguir, la recuperación de Narbona.

Sólo la llegada de Carlomagno al poder reafirmó las fronteras defensivas de los carolingios, extendiendo sus dominios más allá de Septimania.

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